Los bancos centrales de todo el mundo se han reservado en su enfoque a la  digitalización. Estas instituciones son grandes defensores de los canales de pagos digitales a nivel minorista, pero cuando se trata de digitalizar toda la moneda, sus peores temores se activan. Según un informe publicado por IBM y el Foro Oficial de Instituciones Monetarias y Financieras (OMFIF), los bancos centrales se opusieron a la digitalización de la moneda porque temen que aumente la eficiencia y haga que las operaciones bancarias sean mucho más rápidas.

Alimentando el monopolio monetario

Hace un año, IBM y OMFIF se unieron para un informe sobre las monedas digitales mayoristas del banco central (CBDC), y lograron encontrar sinergias increíbles que podrían crearse si los países digitalizaran sus monedas. Sin embargo, este sentimiento no tuvo eco en los bancos centrales que encuestaron. De los 23 bancos centrales cuyos comentarios se incluyeron en el informe, 13 eran de mercados desarrollados, 10 de mercados emergentes, y todos coincidieron en que las monedas privadas amenazan la estabilidad financiera.

La encuesta aclara una tendencia: los CBDC solo se considerarán si respaldan la agenda del monopolio monetario. El 83 por ciento de los bancos centrales creía que su papel seguiría siendo el mismo incluso si se lanzara un CBDC, y el 43 por ciento creía que era factible establecer casos de uso estrictamente nacionales para las monedas digitales.

Una de las observaciones más importantes es que la velocidad de las monedas digitales trae una serie de problemas para los reguladores financieros. Su deber es salvaguardar el sistema, y ​​al aumentar la velocidad a la que los clientes pueden acceder a sus fondos, creen que el riesgo de una corrida bancaria aumenta enormemente.

Los bancos centrales creen que las instituciones financieras privadas y las compañías tecnológicas desempeñarán un papel importante en la próxima ola de innovación financiera. Pero esta innovación debe limitarse a los pagos minoristas, ya que entrar en el dominio de la emisión y gestión de divisas es un pecado a los ojos de un banquero central.

De repente, todo de una vez

No todos los días se escucha que una idea sea rechazada porque es «demasiado eficiente». Pero esto es exactamente lo que sucede cuando la innovación llama a las puertas de los reguladores. Los bancos centrales tienen un sesgo inherente hacia un sistema en el que conservan su monopolio sobre la emisión de divisas y tienen la máxima autoridad para gestionar la emisión total de dinero (bancos comerciales, mercados de bonos, etc.); Esto es completamente comprensible desde su punto de vista.

El problema con dicho enfoque se ha destacado una y otra vez. La innovación juega muy bien al principio tocando a su puerta, pero luego, un buen día, rompe la puerta. ¿Entonces que?

Históricamente, suprimir la innovación nunca ha funcionado para los gobiernos. Incluso avances más pequeños en el ámbito de la privacidad como PGP son populares hoy a pesar de que el gobierno de los Estados Unidos intenta acusar a Phil Zimmerman, el creador de PGP, de tráfico de armas. Todo esto para desarrollar un estándar de cifrado de comunicación.